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20 gotas...

Había estado tan cerca del cielo que incluso habría podido tocarlo con la punta de sus dedos. Había volado tan alto que hasta hubo momentos en los que sentía que le faltaba el aire. Había conseguido rozar la cumbre de la felicidad con tan sólo un gesto. Había conseguido tantas cosas y, ahora, no tenía ninguna. Su cielo se tornaba  oscuro y caía en un abismo que no parecía tener fin. Caía  y caía sin intención alguna llegar al final de aquella oquedad. Su corazón estaba tan lleno de lagunas que apenas sentía el dolor que aquel vacío le causaba.

19 gotas...

Caminaba por la calle cuando, de repente, se cruzó con él. Vestía unos vaqueros desgastados y una camiseta blanca con algún que otro detalle en color. Llevaba el pelo alborotado y la barba de tres días. Aún así lo encontró guapo, es más, se sonrojó al verle. Se pararon uno frente al otro y sus miradas se encontraron, furtivas. Un suspiro de aire provocó que le llegara su aroma, causando en ella un deseo irrefutable de abrazarle. Entonces, un " te echo de menos " rompió el silencio. Ella, aturdida por aquellas palabras, no supo qué responder. Pensó en si aquellas palabras eran ciertas y en si de verdad valía la pena arriesgarse de nuevo. Arriesgarse a intentar . Arriesgarse a amar . Arriesgarse a perder . Arriesgarse a sufrir . Bajó la mirada y las lágrimas empezaron a nacer de sus ojos castaños. ¿Qué le hacía pensar que si había salido  mal una vez no volvería a ocurrir? ¿Qué le hacía pensar que esta vez sería diferente? 

18 gotas...

Hoy se encontraba gris , como el cielo. Qué poco dura la felicidad. Es tan efímera como la lluvia...

17 gotas...

El sol brillaba con fuerza aquella mañana, ya que no había en el cielo ni una sola nube que impidiera que su luz inundara la ciudad. Últimamente se sentía igual que aquel instante, brillaba igual que el sol y ningún mal pensamiento nublaba su mente. Y eso le gustaba. Le gustaba sentirse bien, feliz. Sabía que estaba superando esa mala racha que le había acompañado durante los últimos meses. Pero, al fin, después de tanto tiempo, empezaba a ver la luz al final de aquel oscuro túnel. Por fin, su sonrisa era sincera y, en su interior, reinaba la paz. Sí, había momentos en los que ese túnel volvía a tornarse completamente negro, pero tenía la suficiente capacidad y fuerza para tirar hacia adelante y encontrar de nuevo la salida. Se encontraba en las puertas de una nueva vida, tenía las llaves en su mano y estaba dispuesta a abrirla y cruzar el umbral, haciendo así que su corazón volviera de nuevo a latir con la misma intensidad de antes.

16 gotas...

Escuchó el ruido del cerrojo y su cuerpo, lleno de moratones, empezó a temblar. Vendría con hambre, pero aún no había acabado de preparar la cena. En su interior, maldecía una y mil veces el día en que sus caminos se cruzaron. Entró en la cocina y a ella se le cortó la respiración. El miedo corría por sus venas y sus ojos estaban cansados de tanto llorar. Se giró y allí estaba él con un ramo de rosas rojas y un " perdóname, no volverá a ocurrir " en sus labios. No volverá a ocurrir. Cuántas veces había escuchado aquellas mismas palabras después de una paliza y cuántas otras le había perdonado pensando que esta vez era sincero. Aquella noche, en cambio, ella no dijo nada, se giró y continuó haciendo la cena. Escuchó como dejaba las rosas encima de la mesa de la cocina, maldiciéndola, y dando grandes zancadas salía a la calle, haciendo un gran estruendo al cerrar de un portazo. Dejó el cuchillo encima de la encimera y se sentó en una silla. Suspiró. Quería llorar, pero no l...

15 gotas...

Dicen que basta tan sólo una mentira para poner el duda todas las verdades. Ella, en cambio, pensaba que no dependía del número de mentiras. Dependía de la magnitud, de la maldad y de la soberbia que ésta contenía. No le importó nunca perdonar pequeñas mentirijillas piadosas, de esas que se dicen para no hacer daño a  otra persona. Tampoco le importó perdonar aquellas que acompañaban arrepentimiento. Todos somos humanos, pensaba. Todos nos podemos equivocar alguna vez. Y, para qué engañarnos, todos queremos ser perdonados. También dicen que las verdades duelen. Ella, sin embargo, prefería mil verdades que se le clavaran como puñales que una mentira que la hiciese sentir en las nubes. Las prefería porque, cuando descubría que le habían mentido, esa nube se desvanecía como el humo de un cigarrillo, dejándola caer desde una gran altura en el frío y sólido suelo. Y dolía más que todas esas verdades juntas, e incluso más que cualquier otra tortura. Las mentiras siguen doliendo con el pa...

14 gotas...

Aquella mañana saltó de la cama y abrió la ventana de par en par. El cálido sol entraba inundando la habitación de luz y un  soplo de aire se escurría por las cortinas a medio correr, provocando que su suave piel se erizara. Se quedó allí delante embobada durante unos minutos, observando como las nubes pasaban. Parecía que iba a ser un bonito día y, si se tornaba gris, estaba dispuesta a colorearlo. Lo pintaría de azul, rosa, amarillo, verde, naranja y rojo. A partir de ese día, haría de su vida un arcoiris .