Sabes que te hace daño y prefieres alejarte de ello antes de que se enquiste en el corazón. Te alejas porque ya sabes qué es. Porque ya lo has sufrido. Porque no te apetece volver a sentirlo de nuevo. Pero es difícil apartarlo de ti cuando existe un tira y afloja, así que cuando encuentras una oportunidad de romper ese hilo, tienes que aferrarte a ella con fuerza. No dejarla escapar porque, si lo haces, volverás a caer en esa espiral de la que cuesta tanto salir.
Las despedidas amargaban más cuando no sabía cuándo volvería a verle. Creía que podía acostumbrarse, que podía habituarse a cada separación, por corta que fuese. Pero no era así. Cada vez le dolía más y, aunque sabía que era por poco tiempo, cada hora que pasaba lejos de él se le clavaba como una aguja en el corazón. Lo peor no era no poder verle cada día, sino no poder abrazarle cada vez que lo necesitaba. Y no le quedaba más remedio que esperar. Esperar a que el tiempo pasara y llegase el momento de poder acariciarle de nuevo. Pero qué dura era la espera...
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