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32 gotas...

Libertad...

31 gotas...

Como en un sueño difuminado en el que los colores se mezclan hasta el punto de no saber cuál es cuál. Como un océano en el que desembocan miles de ríos cada día, haciendo que sus aguas se entrelacen creando nuevas corrientes. Como una caricia tan efímera que pudiera confundirse con el leve suspiro del viento. Como una palabra atascada en lo más recóndito del alma que, por miedo a salir, se refugia detrás de una lágrima. Sincera, como la sonrisa de un niño. 

30 gotas...

Y de repente un día te levantas, corres las cortinas y te das cuenta de que ha empezado un día mejor. De que tu vida ha cambiado. De que eres capaz de superar todo lo que se te presente y más. Comprendes por fin que eres fuerte, que no hay nada que pueda borrar la sonrisa de tu cara. Que no hay nadie capaz de hacerte sentir inferior. Pero tampoco superior. Simplemente eres tú misma, sin máscaras. Y te sientes bien.

29 gotas...

El olor a esmalte de uñas inundaba su habitación. Tenía la impresión que dentro de esas cuatro paredes el tiempo no pasaba. Se estancaban las horas, los minutos no corrían, los segundos se escondían dentro del armario y el sonido del reloj se atascaba en un suspiro. En su interior volaba lejos de aquella cárcel imaginaria, dejándose llevar por la suave carcajada del viento. Carcajada que ella envidiaba, ya que su garganta no era capaz de reproducir más que sollozos sin sentido. Hubiera dado hasta la vida por volver a bailar con la luna...

28 gotas...

Había ciertas cosas en su vida que le molestaban. Odiaba con toda su alma el ruido de la puerta de su habitación al abrirse y el portazo que ésta producía al cerrarse. No soportaba el olor a hígado ni el sabor a paté. Le crispaba los nervios que le repitieran las cosas mil veces y que, además, lo hicieran a gritos. Aborrecía tener que explicar una y otra vez lo mismo o que preguntaran cosas que, para ella, eran obvias. No le gustaba escuchar música durante más de media hora seguida. Detestaba el color verde, en cualquiera de su gama. Despreciaba profundamente que los demás tacharan de absurdos sus sentimientos. Había voces que le producían un molesto dolor de cabeza y, por ende, rechazaba a cuyas personas pertenecían. Explotaba en rabia cuando la humillaban o pretendían hacerlo. Le repugnaban los bichos en general y la sopa de verdura. Y esto es tan sólo una pequeña parte. 

27 gotas...

"Lo que más duele de una mentira es no ser capaz de volver confiar. No ser capaz de volver a creer en nada ni en nadie. Ni siquiera en tu persona, porque no sabes si realmente eres sincero contigo mismo o tan sólo te engañas para ocultar esas heridas."

26 gotas...

Sexta Parte Casi sin apenas darse cuenta habían llegado ya al hospital y se encontraban delante de la habitación donde estaba su padre. Carla respiró profundamente y le pidió a su hermana que, por favor, la dejara sola con él. Se armó de valor y entró en la sala. Las paredes tenían un color azul cielo algo desgastado y las luces  fluorescentes hacían que la estancia tuviese un aspecto de lo más tétrico. Un olor a rancio inundaba cada rincón, haciendo que  le vinieran a la mente recuerdos que creía haber olvidado. Se acercó lentamente a la camilla de su padre y pudo observar el aspecto desmejorado y enfermizo que presentaba. Dormía. Sus ojos, llenos de arrugas, estaban cerrados con una delicadeza que pocas veces pudo apreciar estando con él. Parecía tan débil e indefenso... Cogió una silla y se sentó al lado de la camilla. Por su cabeza pasaban miles de excusas, explicaciones y reproches. De repente, una voz frágil rompió el silencio. " Sé que no hice bien las cosas cuando ...