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42 gotas...

Cuando amas, todo lo de tu alrededor deja de existir. Sin embargo, cuando dejas de amar, eres tú quien desaparece.  

41 gotas...

Sabes que te hace daño y prefieres alejarte de ello antes de que se enquiste en el corazón. Te alejas porque ya sabes qué es. Porque ya lo has sufrido. Porque no te apetece volver a sentirlo de nuevo. Pero es difícil apartarlo de ti cuando existe un tira y afloja, así que cuando encuentras una oportunidad de romper ese hilo, tienes que aferrarte a ella con fuerza. No dejarla escapar porque, si lo haces, volverás a caer en esa espiral de la que cuesta tanto salir.

40 gotas...

El reflejo de la luz medio fundida de la lámpara sobre la superficie de la botella vacía se confundía con el destello de su mirada. En una mano, un cigarrillo consumido y, en la otra, un vaso de whisky con hielo. Sentada en un sillón de piel desgastado, pensaba qué había hecho mal para acabar así: borracha y sola. De lo primero se hacía una idea... De lo segundo, no sabía cómo había llegado a tal extremo. Sola. Tan sola que ni las agujas del reloj la acompañaban en su tormento. Casi sin pensarlo, se levantó del sillón y estampó el whisky con hielo en la pared agrietada de aquella habitación. Por sus mejillas rodaban miles de lágrimas y su cara expresaba un dolor tan profundo que hacía que sus entrañas se retorcieran. Nada ni nadie podía salvarla de su locura. Sonó el teléfono. O quizás si...

39 gotas...

Vivimos en una sociedad en la que el verbo amar se usa más de lo que se debe y se siente menos de lo que corresponde. En una sociedad en la que el orgullo sustituye el perdón y los polvos de una noche reemplazan los besos de buenos días de los lunes. En una sociedad donde los celos son una excusa para entrometerse en la intimidad de otra persona, donde engañar es un hábito y donde llevar escondido el corazón bajo llave es algo natural.

38 gotas...

El 22 de febrero de 2012, este blog vio la luz con el siguiente texto:  " Se levantó aquella mañana y se sentó en el borde de la cama. Miró a su alrededor y todo estaba como lo había dejado la noche anterior. Se quedó mirando a un punto fijo, pensando cuánto había cambiado su vida desde hacía tan solo un tiempo. No entendía como podía pasar el tiempo tan rápido en el exterior y, en cambio, en su interior pasaba tan lento. Las agujas de su reloj se habían quedado estancadas; las horas no pasaban, los minutos no corrían y los segundos no avanzaban. Todo estaba tan muerto dentro de ella que le daba igual todo. Tenía tanto vacío en su interior que si hubiera podido gritar profundamente, el eco que habría producido hubiera retumbado en cada parte de su ser..."  Hoy, un año más tarde, puedo decir que sí, que mi vida ha cambiado, pero a mejor. Ese vacío ya no existe y el tiempo vuelve a correr con normalidad. Lo que creía que estaba muerto, simplemente estaba en standby y, lo ...

37 gotas...

El aroma de su pelo, la calidez de su sonrisa, la intensidad de su mirada, el sonido de su risa, la fuerza de sus abrazos, la suavidad de sus caricias, el sabor de sus besos... La fugacidad de su amor. 

36 gotas...

Gritar a pleno pulmón hasta quedarte sin aire...  ...Llorar a lágrima viva para intentar vaciarte...  ...Sentir que te escapa la vida entre los dedos como si de arena fina se tratase...