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Mostrando entradas de octubre, 2012

29 gotas...

El olor a esmalte de uñas inundaba su habitación. Tenía la impresión que dentro de esas cuatro paredes el tiempo no pasaba. Se estancaban las horas, los minutos no corrían, los segundos se escondían dentro del armario y el sonido del reloj se atascaba en un suspiro. En su interior volaba lejos de aquella cárcel imaginaria, dejándose llevar por la suave carcajada del viento. Carcajada que ella envidiaba, ya que su garganta no era capaz de reproducir más que sollozos sin sentido. Hubiera dado hasta la vida por volver a bailar con la luna...

28 gotas...

Había ciertas cosas en su vida que le molestaban. Odiaba con toda su alma el ruido de la puerta de su habitación al abrirse y el portazo que ésta producía al cerrarse. No soportaba el olor a hígado ni el sabor a paté. Le crispaba los nervios que le repitieran las cosas mil veces y que, además, lo hicieran a gritos. Aborrecía tener que explicar una y otra vez lo mismo o que preguntaran cosas que, para ella, eran obvias. No le gustaba escuchar música durante más de media hora seguida. Detestaba el color verde, en cualquiera de su gama. Despreciaba profundamente que los demás tacharan de absurdos sus sentimientos. Había voces que le producían un molesto dolor de cabeza y, por ende, rechazaba a cuyas personas pertenecían. Explotaba en rabia cuando la humillaban o pretendían hacerlo. Le repugnaban los bichos en general y la sopa de verdura. Y esto es tan sólo una pequeña parte. 

27 gotas...

"Lo que más duele de una mentira es no ser capaz de volver confiar. No ser capaz de volver a creer en nada ni en nadie. Ni siquiera en tu persona, porque no sabes si realmente eres sincero contigo mismo o tan sólo te engañas para ocultar esas heridas."