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Mostrando entradas de 2014

54 gotas...

Un espejo es como un jarro de agua fría para aquellas personas que se buscan y no se encuentran. No porque estén perdidos físicamente, sino porque en lo más hondo de su corazón ni siquiera saben dónde están. Supongo que da rabia... Claro que da rabia, para qué lo vamos a negar. Cuando te miras en el espejo lo que quieres es precisamente eso... ¡VERTE! Quieres verte física y emocionalmente. Aunque no te des cuenta, pero quieres verte de ambas formas. Porque cuando sólo te ves de forma física, te sientes vacío... perdido . Y te preguntas: ¿dónde estoy? ¡Si yo antes estaba ahí! Justo ahí... Y entonces lo que quieres es buscarte. Pero ¿por dónde se supone que se empieza a buscar a uno mismo? ¿Cómo se superan esas barreras, esos miedos, que te impiden encontrarte? ¿Cuánto tiempo se requiere para finalizar la búsqueda? Y quizá la pregunta que más atormenta de todas... ¿Y si no consigo encontrarme nunca? Qué cosas, ¿no? Cuando alguien se mira en un espejo, lo que busca es

53 gotas...

Quizá era la intensidad de su mirada o la sinceridad de su sonrisa. Quizá era la dulzura con la que la tocaba o la suavidad de sus caricias. Quizá era su forma de hablarle o el cariño con el que la besaba. Quizá era su aroma, su manera de moverse o la infinidad de pequitas que adornaban su cara. Quizá era esa carcajada única, aquella que solo producía rara vez y que a ella le encantaba, quizá por su melodía o quizá por su espontaneidad. Quizá era su humor o quizá la facilidad por sacarle una sonrisa incluso en sus peores momentos. Quizá era él. O Quizá era ella. Quizá, en cualquier caso, eran . 

52 gotas...

Y, es como casi sin darte cuenta, aparece alguien que te pone el mundo patas arriba. Que te rompe los esquemas. Que te vuelve a inspirar esa confianza que creías que no ibas a poder tener nunca más. Que hace que los problemas sean menos problemas (valga la redundancia). Que te hace reír a carcajada limpia y que te vuelvas a reír aún más fuerte, hasta que te duelen las costillas. Que te deja ser tú misma. Simplemente, que no te presiona. 

51 gotas...

Es justo ese momento en que te da igual salir a la calle sin maquillar, despeinada y con lo primero que has cogido del armario, aunque no combine para nada. Es justo ese momento en que casi te cuesta mantener los ojos abiertos de lo hinchados que están a causa de las lágrimas. Es justo ese momento en que una sonrisa te supone un esfuerzo casi sobrenatural. Es justo ese momento en que te molesta incluso que te hablen. Es justo ese momento en que desearías desaparecer o, mejor aún, que el resto del mundo desapareciera. Es justo ese momento en que te das cuenta que, cuando pensabas que tu vida se había encaminado, todo se desmorona de nuevo. Y es justo ese momento en el que lo mandarías todo a la mierda.

50 gotas...

Solía pensar que los perfumes eran como recuerdos envasados . Le gustaba coleccionar los botes de perfume que le regalaban porque, de esa manera, era como coleccionar sus propios recuerdos. Tenía alrededor de veinte frascos de fragancias diferentes, todos con una historia distinta. Muchas veces se sentaba en la cama, cogía un par de éstos y los olía. Primero uno. Después el otro. Su mente empezaba a recordar los momentos exactos en los que usó esos aromas, las personas con las que estaba en esos instantes, los lugares en los que estuvo.. Todo. Del mismo modo, otras esencias le recordaban simplemente emociones. Emociones intensas que hacían que su piel se erizara. Emociones que le hacían sonreír. O llorar. O simplemente dejaban un vacío en ella. Cuando se cansaba de recordar tiempos pasados, tapaba los perfumes y los dejaba cuidadosamente en su sitio, casi con temor a que se evaporaran y, junto a ellos, sus memorias.

49 gotas

Pero: 1. Conj. Advers. Enlace que une dos oraciones o sintagmas cuyos significados se contraponen, se restringen o se limitan. Qué palabra más curiosa es "pero". Es tan simple, tan corta, pero a la vez tan tajante... Suelo pensar que las palabras antes de un pero no valen nada; te quiero, pero no estoy preparada para tener algo serio.  O no estoy preparada para tener algo serio, pero te quiero. No suenan igual, ¿verdad? La primera ya deja claro de por si que por mucho que pueda sentir por ti, no voy a cambiar de opinión. En cambio, la segunda frase deja entrever un rayo de luz esperanzadora a quien la reciba. El pero anula por completo todo lo que tiene delante, dejándolo sin valor alguno, como si no existiera. La mente humana es algo curiosa; siempre va a recordar (o a darle más importancia) a lo que se exprese después de un pero . Porque el orden de los factores no altera el producto,¿no? ¿O sí?

47 gotas...

Plantada delante del espejo, observaba el daño que le había causado el paso del tiempo a su rostro; su pelo, antes largo y negro como el azabache, lucía ahora recogido en un aburrido moño gris adornado con un par de agujas con perlas blancas que antaño pertenecieron a su madre. Le tenía un cariño especial a esos adornos, quizá porque eran el único recuerdo material que le quedaban de ella. Levantó la mano y tocó una de las perlas con sus dedos finos y arrugados. Dibujó media sonrisa, la cual se esfumó de repente al cruzarse su mirada con la de su reflejo en el espejo. A medida que bajaba la mano de su cabeza, iba deteniéndose por cada arruga que encontraba, acariciándola suavemente con un dedo.  Cuando finalizó su extraño recorrido, una lágrima fugaz cruzó el desierto de su mejilla, hidratando el recuerdo de su juventud .